Mi bolita de cristal.
Tengo una bola de cristal que conseguí en la feria. Cuando la conseguí pegaba botes de alegría pero poco después no sabía que hacer con ella.
La guardé, a veces la sacaba para verla, luego la guardaba otra vez.
La bolita de cristal a veces me estorbaba, aunque más que estorbo, es que no sabía que podía hacer con ella en mi poder, no le encontraba utilidad.
Me decían que si no la quería que me desaciera de ella, que la diera a otra persona que supiera sacar más provecho de ella, a otra persona que quisiera la bolita de cristal.
Pero aunque quiero no me atrevo a darla. Quizás, porque quiero a la bolita más de lo que creo. Quizás no la quiera tanto como para ponerla en una vitrina con grandes cristaleras relucientes, pero a lo mejor si la quiero para ponerla en una estantería, junto con mis otras cosas queridas, no se si para adornar o para hacer bulto, pero quiero tenerla conmigo, me gusta poder verla siempre que quiera.
Pasará un tiempo y estoy segura de que si he sido descuidada la bolita se romperá pero si he sabido darle un mínimo de cuidado y cariño seguirá conmigo hasta el día de mi entierro (y las hadas vivimos centenares de años).
Pero de lo que estoy segura es que nunca romperé la bolita voluntariamente, si algún día dejo de querer verla, se la daré a otra persona que adore mi bolita, para que la cuide como yo no supe hacerlo.
(Esa bolita de cristal tiene nombre y apellidos)

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